Caso Jimena Salas: Abel Cornejo y la lealtad institucional

- opinión

Caso Jimena Salas: Abel Cornejo y la lealtad institucional
Caso Jimena Salas: Abel Cornejo y la lealtad institucional

Por Luis Caro Figueroa Las recientes declaraciones de don Abel Cornejo Castellanos sobre el crimen de Jimena Salas ponen de manifiesto hasta qué punto la defensa de opiniones y posturas meramente personales puede ensombrecer el entendimiento de una persona decente, y hacerle perder el sentido del decoro, obligándole a incurrir en una profunda deslealtad institucional.


Seis años y nueve meses después de su inconstitucional juramento como Procurador General de la Provincia (cargo que asumió —recordemos— por el término de seis años, inmediatamente después de interrumpir voluntariamente un periodo de seis años en la Corte de Justicia de Salta), el doctor Cornejo sigue empecinado, contra toda evidencia, en la misma hipótesis criminal que sostuvo ya en 2019, en base a meras conjeturas y sin ninguna prueba científica que lo respaldara.

Aunque el doctor Cornejo no quiera reconocerlo, su entendimiento (tanto en aquel momento como ahora) se encuentra preocupantemente deformado por un convencimiento ciego (un sesgo cognitivo galopante), que en su momento condujo a un resultado exactamente contrario al que pretendía:«desamesetar»(en su particular lenguaje) el asunto de Jimena Salas, calificado en algún momento por los fiscales como«cold case». Cornejo no solo no«desamesetó»el asunto sino que lo hundió todavía más y por varios años, contribuyendo decisivamente a fabricar una escalofriante sensación de impunidad, felizmente hoy superada.

Al parecer, esta calificación de«cold case»—que solo alude a una investigación criminal sin resolver que, sin embargo, permanece abierta a la espera de que se descubran nuevas pruebas— indignó al entonces Procurador General de la Provincia, quien seguramente ya tenía perfectamente calculado que embanderándose en la causa feminista iba a ganar una gran visibilidad electoral. Segundo resultado contrario.

Por este motivo, o quizá por otros, el Procurador General llegó al caso Jimena Salas con un sospechoso previamente elegido y —a la inversa de lo que hacen los investigadores serios— se abocó a la búsqueda de pruebas que implicaran al elegido, aunque tales pruebas realmente no hubieran existido nunca.

Durante el olvidable paso del doctor Cornejo por la Procuración General de la Provincia de Salta, seis fiscales se sucedieron en la investigación del asesinato de Jimena Salas. En pocas semanas, Cornejo los fue cambiando uno a uno, porque no solamente se trataba de encontrar las pruebas que incriminaran al sospechoso previamente elegido, sino que también había que encontrar —entre muchos— a los fiscales dóciles que pudieran o quisieran hacer ese trabajo prediseñado. La tarea no fue fácil.

Ahora, desde un retiro más bien difuso (porque sigue siendo asesor del gobierno), quien sucesivamente ha sido Juez Federal con competencia electoral, Juez de la Corte de Justicia de Salta, Presidente del Consejo de la Magistratura, Procurador General de la Provincia y Ministro de Seguridad del gobierno provincial esparce generosas dudas acerca de la transparencia y fiabilidad de las mismas instituciones de las que hasta hace poco formó parte y a cuyo mejoramiento no contribuyó en lo más mínimo.

Cualquiera que hubiera desempeñado cargos de semejante envergadura se cuidaría bastante de lanzar ataques de tamaña gravedad contra personas con las que compartió responsabilidades y desvelos en la administración de justicia. Perpetrar estos ataques, aun después del fracaso de la propia hipótesis criminal y de la pervivencia del sesgo cognitivo, es lo más parecido a escupir hacia arriba.

El doctor Cornejo es deudor de una mínima lealtad institucional, hacia el gobierno que todavía lo acoge (y los ciudadanos que le pagan el sueldo), hacia la institución que comandó (ilegítimamente, pero lo hizo), hacia los fiscales que trabajaron y trabajan en los casos más complicados y hacia el sistema judicial en su conjunto, cuyos errores y deficiencias está legitimado para señalar, pero siempre con la intención de ayudar a mejorar las instituciones, nunca para sacarse las ganas o practicar una defensa personal o justificar sus propios errores.

La lealtad institucional no solo es un reflejo cívico elemental sino que es también un principio fundamental en el derecho público y la ética administrativa, que exige a quienes sirven en los cargos públicos actuar con respeto mutuo, colaboración, transparencia y fidelidad a la Constitución y al interés general, con objeto de asegurar la coherencia y eficacia del Estado.

Desde este punto de vista, las actitudes del doctor Cornejo se asemejan a las de un francotirador, o a las de un«lobo solitario», más que a las de un servidor público leal y comprometido con los altos fines de las instituciones de las que formó parte y ahora critica sin piedad.

Con todos estos antecedentes, es muy probable que los destemplados ataques del doctor Cornejo obtengan también un resultado contrario a sus propósitos, como antes sucedió con su intención de«desamesetar»a Jimena Salas y su sueño de cimentar en el feminismo su lanzamiento electoral. Sus errores anteriores le hicieron un gran favor a Salta. Esperemos que el tercero también lo haga.

Fuente: Noticias Iruya

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