Por Luis Caro Figueroa Las recientes declaraciones de don Abel Cornejo Castellanos sobre el crimen de Jimena Salas ponen de manifiesto hasta qué punto la defensa de opiniones y posturas meramente personales puede ensombrecer el entendimiento de una persona decente, y hacerle perder el sentido del decoro, obligándole a incurrir en una profunda deslealtad institucional.