La deuda del Estado argentino con las personas trans

La abogada especializada en género, derechos humanos y derecho penal, Ana Oberlin, reflexionó sobre la violencia ejercida durante el terrorismo de Estado en contra de quienes están por fuera de la cisheteronormatividad. Advirtió que se trata de una deuda que estamos lejos de saldar.
Hace 5 años Informacion gral.

DDN. Transcurridos algunos días del 24 de Marzo, la abogada Ana Oberlin, especializada en género, derechos humanos y derecho penal, habló sobre la violencia ejercida por las fuerzas represivas sobre las personas trans y disidencias en general durante la dictadura. Además, analizó el panorama actual y admitió que aún queda un largo camino por recorrer para lograr una real inclusión y reconocimiento de derechos.

“Se conoce poco”, comenzó diciendo la abogada, que hace algunos años inició una investigación en el marco de la elaboración de su tesis doctoral, referida a este tema. “Empecé a encontrarme con que un montón de, sobre todo, mujeres trans, que es donde yo me focalicé más allá de que creo que es extensivo también a gays y lesbianas en la misma época, que habían sufrido el terrorismo de Estado”, contó.

“Lo que pasa es que eso estaba invisibilizado porque, en general, eran personas que antes del terrorismo de Estado, y después del terrorismo de Estado, hasta hace muy pocos años, sufrían violencias estatales, especialmente a través de las policías de las distintas jurisdicciones, que utilizaban los códigos de faltas para criminalizarlas”, continuó Oberlin remarcando que el trabajo en cuestión fue redactado a partir del testimonio de muchas de las víctimas. “Hablo, especialmente, de mujeres trans también porque cuando vivían sus identidades de género eso las hacía muchas veces más visibles”, agregó la abogada.

En este punto, detalló: “Ellas mismas hablan de la caza de trans, la caza de brujas que sufrieron porque muchas veces, al estar excluidas de toda forma de acceso al mercado laboral, en general, estaban en situación de prostitución. Esto hacía que estuvieran en determinados lugares de la ciudad que, a la vez, era necesario que se sepa para poder encontrar a sus clientes. Ellos sabían en qué lugares estaban y eso facilitaba, muchas veces, que la policía, y durante el terrorismo de Estado los militares, la Gendarmería, la Prefectura y todas las fuerzas que operaban en esos años, las buscaran en los lugares en donde se encontraban, las secuestraran y las sometieran a las mismas violencias que sometieron a una buena parte de la población durante el terrorismo de Estado. Particularmente, llevarlas a centros clandestinos de detención, tortura y exterminio”.

“No es que fueron un objetivo nuevo para las fuerzas represivas, sino que en esos años se intensificó la violencia que ellas sufrieron anteriormente y que continuó, incluso en democracia”, resaltó la abogada.

Por otra parte, se refirió al reconocimiento en el informe de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas- CONADEP-  de los actos de violencia contra disidencias. “Había leído, en alguna nota, que alguien hablaba de 30400, que ahora es un número que cada 24 de marzo se hace visible, pero hace algunos años nadie hablaba de eso, de los 30400. Me interesé en ver de qué se trataba eso”, comentó Oberlin.

Y agregó: “Esos 400 es un número del que habla Carlos Jáuregui, un activista gay muy conocido en nuestro país, alguien muy tenaz y lúcido que a lo largo de los años vivió un gran aporte al movimiento de las disidencias. Contaba que, en algún momento, se le había hecho llegar a la CONADEP el número de 400 personas gays, lesbianas y trans, que también formaban parte de quienes habían sufrido el terrorismo de Estado y que la CONADEP no lo incluyó en su informe final, a pesar de tener conocimiento de estos casos”.

No obstante, sostuvo que “a esto también hay que contextualizarlo, en un momento donde todavía la persecución estatal hacia las disidencias en nuestro país, donde en la mayoría de las provincias duró hasta incluso el año 2000, fue muchísimos años después del terrorismo de Estado”.

“Esto también forma parte de muchas de las cosas que tenemos que revisitar, desde quienes queremos que no queden impunes esta clase de hecho, y revisitar también esto que pasó después, cuando se documentaron 400 casos y no fueron incluidos en el informe del Nunca Más, según lo que dice este activista Carlos Jáuregui”, reflexionó.

En tanto, consideró que actualmente “hay muchísimo por hacer si vamos a hablar de las personas que están fuera de la cisheteronormatividad, de gays, de lesbianas, de homosexuales, de personas trans, de personas no binarias”. “Creo que nos falta muchísimo. Si no hay una igualdad real es imposible estar hablando de estos temas. Todavía hay muchas desigualdades para el acceso a los trabajos formales, recién se empiezan a discutir las cuestiones vinculadas al cupo. Si bien hay lugares donde estos cupos existen, pero con mucha lentitud, con muchas dificultades, muchas veces para incluir a quienes dentro de ese colectivo más necesitan. Por ahí alguna persona trans que logró, aunque es rarísimo, acceder a estudios universitarios tiene otra posibilidad de acceso”, observó con preocupación.

“Cuando hablamos de mujeres trans más grandes, que no son tantas las sobrevivientes, sabemos que la expectativa de vida es muy baja, cuando hablamos de esas mujeres, muchas veces tuvieron que dejar la escuela o porque directamente las echaron o porque por la discriminación y la violencia cotidiana que sentían prefirieron dejar la escuela y, a lo mejor, no pudieron ni siquiera completar la escuela primaria”, se explayó la abogada lamentando estas formas de violencia, y aclaró luego: “Parece que la violencia es solamente cuando se le aplican golpes a alguien, y la violencia es mucho más amplia, es un continuum de violencia. Son violencias que se sufren y que han sufrido, sobre todo, las personas trans desde las mismas casas, padres y madres, familiares, aunque no todas”.

Lamentó así la violencia institucional a la que son expuestas las disidencias, “desde estas violencias de las policías, intensificadas en el terrorismo de Estado, hasta violencias en el sistema de salud, que no está preparado para atender a personas que tienen identidades de género no cisheteronormativas, personas trans en particular”. “Muchas veces violentan sus cuerpos, las tratan de manera incorrecta, es muy difícil y hay mucho todavía por pelear y por cambiar”, concluyó.

Fuente: Somos Tierra – FM Noticias 88.1 MHz.

BH