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DDN. "Tenia 19 años y fui convocado por el distrito militar Salta. el resultado médico fue apto. Eso fue un 21 de septiembre del 81. El 2 de febrero de 1982, viene la Armada y nos llevan en un tren militar hasta la base naval Puerto Belgrano y comienzan mis tareas de instrucción como soldado conscripto de la Armada. Ahí estuve dos meses, hasta que el 26 de marzo me llevan, a mi y a toda una dotación de 120 muchachos, en camiones hasta la dársena donde estaba el buque apostado, el Crucero General Belgrano y el portaaviones ARA Veinticinco de Mayo", contó Torres.
Un día como hoy, de 1982, era el segundo día que estaban en navegación. "Veíamos que había mucho movimiento en la base (Base Naval Puerto Belgrano) pero no sabíamos nada porque no entendíamos nada, recién salíamos de la instrucción militar", dijo.
Torres recordó que a la madrugada del 2 de abril los despertaron para informarles que iban a tomar las Islas Malvinas. "A partir de ese momento, todo lo que habíamos aprendido en los días vividos previo a ese momento, iban a ser tomados muy en serio porque podíamos entrar en combate en cualquier momento. Vivimos días muy duros, vamos a ser sinceros, con 18 años tenés sueños de hacer una conscripción en paz, con algún fin de semana franco... pero estuvimos 3 meses arriba del barco. Fue una experiencia dura", expresó.
El excombatiente no desembarcó en las Islas Malvinas, ya era parte de la dotación permanente del barco siendo operador de la estación secundaria de control de incendios del portaaviones ARA Veinticinco de Mayo (V-2), y lo más cerca que estuvieron de las Islas fue a 20 millas. Luego del hundimiento del Crucero General Belgrano, el Estado Mayor de la Armada decide que su unidad retorne hacia el oeste, arrimándose a aguas menos profundas donde los submarinos no puedan operar y puedan salvaguardar tanto la unidad como todo el personal.
"Nos tuvimos que recluir, en un derrotero de ir y volver por toda la costa donde los submarinos atómicos no puedan operar. Nos podían ver y nos podían atacar, pero tenían que salir un poco a superficie. No nos podíamos jugar. Cerca de las Islas Malvinas, había lugares con más de 7.000 metros de profundidad. ¿Para que íbamos a arriesgar otro barco más? Teníamos que esperar, haciendo un puente aéreo. Esa fue nuestra tarea y Dios quiso que tengamos la oportunidad de volver a casa", comentó.
Con respecto al trato de los superiores, remarcó que en la Armada es muy diferente que en el Ejército Argentino, porque el personal a bordo es como una familia y nunca hubo ningún problema durante el tiempo que estuvo allí. "Se trabajaba mancomunadamente, no hubo procesamientos militares. Fue una máquina perfectamente aceitada, todo el personal cumplió", agregó.
Sobre la vuelta, indicó: "Pasó algo que aún no tengo claro. No sabemos lo que es lo que sucedió fehacientemente. Se venía escorando el portaviones, había una pinchadura del casco, no sabemos a quien se debe. Entró agua y empezó a escorarse mas o menos el 25 de mayo. Tuvimos que empezar a retornar a la base, porque estábamos constantemente sacando agua para mantener la estabilidad. Los aviones pasaron a operar desde la base del sur, en Tierra del Fuego, y solamente volvimos con uno que estaba fuera de servicio".
El 25 de mayo estaban llegando a la Base Naval Puerto Belgrano cerca de las 17 de la tarde, pero por los vientos no podían ingresar el barco al canal de la base para ser llevado a dique seco. Mientras, en Salta jugaba Central Norte y Boca Juniors, donde ganó el equipo local. "Yo escuchaba pedacitos de ese partido a través de una radio que tenía un cabo segundo, muy compañero, y nos hizo escuchar el partido. A las 11 de la noche recién nos remontaron y descargamos la munición", dijo. Luego de ello, su jefe le preguntó si quería volver a su casa, a lo que Torres respondió que si es posible, sí. El barco llevaría cerca de dos semanas de arreglo, por lo que su jefe le dijo que le daría unos días para volver a su casa.
"Saqué mis cosas, me cambié. A las 2 y media de la tarde, sin almorzar ni nada, con la ilusión de poder volver a ver a mi papá que ya era un año de la muerte de mi mamá. Esa tarde llegué a Bahía Blanca, y tipo 6 y 30 el coche a Salta estaba saliendo. El próximo salió a las 11.30 hasta Córdoba, me quedé dando vueltas, no tenía para comer y me quedé esperando. Subimos al coche, me encontré con un compañero más de Tucumán, y viajamos juntos hasta nuestros destinos. Cuando llegamos a Córdoba al otro día, cerca del mediodía, nos bajamos y tomamos otro colectivo que nos cobraron a pesar de ser conscriptos y venir de una guerra, nos dejaron en las afuera de la Ruta 9. Nos levantó un auto, un par de camiones, y entre ellos unos productores de baile que nos comentaban que ahí seguían de fiesta", relató.
Fuente: Todas las voces - FM Noticias 88.1 MHz
LS











