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Cambios en Seguridad

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DDN. Con el avance sostenido de la pandemia del COVID19, la totalidad de los Estados se ha decidido a tomar medidas estrictas de aislamiento, cuarentena, y cuidados de higiene extremos, y Argentina no ha sido la excepción.
Pero con una impronta distinta a la de otros gobiernos y tomando el evidente ejemplo de lo que ocurre en otros países, el oficialismo gobernante en Argentina anticipándose a los hechos, y a veces con un sesgo claro de exageración, ha dictado normativas muy claras, y con un sentido social expreso.
Marcando la diferencia sustancial con otros sistemas de gobierno se ha establecido de manera expresa, que la economía podrá recuperarse, pero si se pierden vidas no, y por lo tanto los seres humanos estarán por encima de las ganancias de las empresas.
Toda una definición humanista que con certeza no hubiéramos tenido con una conducción neoliberal, y esto no es una especulación. En la única reunión habida entre el primer mandatario Alberto Feránandez y el ex presidente Mauricio Macri, éste le recomendó que tratara de no afectar la economía.
Algunos hechos de la historia marcan tendencia y fijas ideas claras sobre lo que a la humanidad no le puede volver a ocurrir. Un nuevo Holocausto, reiterar dictaduras genocidas, no prevenir tsunamis, o desatender el deterioro del ambiente, son capítulos que de ninguna manera se pueden volver a repetir.
De la misma manera deberemos entender en nuestra Nación, el error grosero en el que nunca más debemos volver a caer, de haber permitido que especuladores y coimeros del empresariado corrupto ligado a los negocios de la llamada patria contratista, y de estrechos vínculos con la dictadura videlista, decidieran nuestro destino durante cuatro años.
Desmantelamiento del sistema de salud hasta llegar al colmo de suprimir el ministerio del área, nos condiciona ahora en plena pandemia para enfrentar con más eficacia el drama de la enfermedad, y el presidente Fernández demostrando una gran capacidad, está al frente del problema.
Y aunque parezca mentira, los causantes del desabastecimiento de insumos hospitalarios, los mismos que intentaron cerrar el Instituto Malbrán para redireccionar su actividad a favor de un holding privado multinacional, y los que generaron otra epidemia como la del dengue por eliminar programas sanitarios, son los que están poniendo palos en la rueda a la tarea oficial.
Un cacerolazo urdido desde el ejército de trolls pagados por Marcos Peña y su equipo, para que las señoras paquetas de Recoleta –con indisimulable olor a bosta diría Eva- volvieran a tocar las cacerolas de teflón en los balcones, fue la muestra más patética de la existencia incólume de la llamada grieta social.
La minoría privilegiada que enfrenta todas las situaciones desde la comodidad de sus economías resueltas, y que desconocen el drama social de los barrios y villas que enfrentan no solamente la cuarentena del COVID 19 sino también la del hambre, pretende deslegitimar todo lo que se está haciendo para las mayorías, volviendo a sacar a relucir su odio a todo lo que huela a pueblo.
Y es que esa dicotomía de nuestro País, nunca podrá resolverse sin el cambio sustancial de la estructura económica, para que se redistribuya el ingreso nacional, se privilegie a las mayorías y no a las minorías, y en definitiva para que vivamos en una sociedad justa, donde la necesidad genere un derecho, y las absurdas conductas reaccionarias de la oligarquía sean calificadas como delito.
Cuando recuperemos la normalidad de nuestra endeudada y difícil economía, complicada precisamente por la eficacia sin patria de esa minoría conductora de la fuga de capitales, los préstamos usurarios y la evasión fiscal, será el momento de tomar medidas drásticas de cambio, no de cosmética, sino de fondo.
Habrá que volver a barajar y dar de nuevo –como decía A. Jauretche- para que una línea de cordura empiece a gobernar en nuestra Argentina, y no podremos darnos el lujo de volver a sentarnos indiferentes frente a las desigualdades y las miserias de muchos para sostener las fastuosidades y los lujos de unos pocos.
Esa básica y elemental premisa tendrá que regirnos en el futuro inmediato. El hambre, no tener agua potable, pasar frío, postergarse y resignarse a vivir excluidos porque un puñado de ventajeros quieren seguir cortando la torta, no debe ser una opción para construir una sociedad nueva.
Y habrá que aprender a tomar los que nos pertenece, para que sean las mayorías las que elaboren y repartan la nueva torta, para la que inevitablemente primero habrá que romper los huevos.
Y en esa tarea desde la calle, los barrios, las villas, y las organizaciones sociales y de base, deberemos ser capaces de perder el miedo al poder instaurado, y mantener una consigna: vivir con dignidad es un derecho, y a los que se opongan a la realización de ese derecho impostergable, habrá que enfrentarlos.
Y por supuesto, vencerlos. Y para vencer en nombre y para la verdadera realización de la justicia social, deberemos oponer a las dirigencias cómplices y el desprecio de los dueños del poder, todos nuestros esfuerzos, toda nuestra organización, todas las acciones, y todos los métodos necesarios.
No se puede pactar con la perversidad de la avaricia de una minoría acostumbrada a defender sus privilegios en complicidad con dictadores y traidores.
Una sola es la opción, o los vencemos o nos vencen.











