Medios nacionales siguen reflejando la desidia y el genocidio silencioso de las comunidades Wichis

El desmonte y la falta de agua son la principal causa de la desnutrición y la muerte de niños.
Hace 6 años Salta en medios nacionales

DDN. Los desmontes en el norte argentino representan un problema para todo el país, con terribles consecuencias.

“Los medios hablan de seis niños wichis que murieron en Salta, pero hay muchos más que los precedieron en esta injusta realidad; niños cuyo bienestar desapareció junto a su territorio, niños que antes de nacer ya sufren el despojo que implica la desaparición del monte; niños sin derecho a comer porque les destruyeron su almacén natural; niños sin derecho al agua porque muchas veces los sojeros contaminan sus fuentes naturales. Los wichis necesitan del bosque para poder subsistir”.

La que habló es Noemí Cruz, coordinadora de la campaña de bosques de Greenpeace, la persona que más atención presta al avance implacable del desmonte en el norte del país, denunciando el daño ambiental, condenando el abandono de los pueblos originarios. Una razón íntima la justifica: “Como descendiente de indígenas que se quedaron sin selva, puedo decir lo difícil que es sobrevivir sin el hogar, el gran estrés que persiste en el alma por generaciones, y lo importante que es el monte para seguir siendo, para ser la persona que uno vino a ser”.

El hambre es la razón urgente. La muerte temprana de chicos wichis y los internados con distintos cuadros de desnutrición eclipsa cualquier análisis, clausura los debates. Sin embargo, son las propias víctimas las que advierten que existe una causa mucho más profunda que permanece convenientemente invisible.

“Los Estados nacional, provincial y municipales no quieren ver lo que está pasando. Muestran las muertes de los chicos, pero no cuentan que en esta zona todas las empresas tiran tóxicos, por ejemplo, al río Bermejo, con total libertad. Lo que está matando a la gente es el cáncer de la contaminación; las personas tienen enfermedad en el cuerpo, no pueden comer, no pueden hacer fuerza. Ningún Estado prestó atención a esto y sólo se enfocaron en el desmonte, en la tala de madera, y en la siembra de soja, porotos, maíz. Así arrastraron todo el monte y esa es la causa más grande de lo que nos pasa”, dijo Leonardo Pantoja, presidente de la Comisión Nacional de Investigación del Genocidio para el Resarcimiento Histórico de los Pueblos Originarios de Argentina y referente de la comunidad wichi de El Tráfico, a 45 kilómetros de Embarcación, de donde eran algunos de los chicos muertos.

La “emergencia sociosanitaria” declarada por el gobernador Gustavo Sáenz en los departamentos de Orán, Rivadavia y San Martín tiene una particularidad que ayuda a entender: los dos últimos son los más desmontados en la provincia. Sólo en los últimos cuatro años, Salta arrasó con casi 80 mil hectáreas de bosques.

Mucho tuvieron que ver los cambios de zonificación prediales realizados ilegalmente por el exgobernador Juan Manuel Urtubey –ahora radicado en España–, autorizando el trabajo de topadoras en zonas protegidas por la Ley de Bosques, favoreciendo intereses de amigos poderosos, como Alejandro Braun Peña, primo del exjefe de Gabinete de la Nación, Marcos Peña, o directamente los de su familia, como cuando benefició a sus hermanos sancionando una “ley de reordenamiento territorial”, permitiéndoles desforestar en áreas hasta ese entonces prohibidas.

“En la zona este y noreste de Salta hay una verdadera crisis humanitaria crónica; no es que ahora se están muriendo niños de desnutrición, sino que se vienen muriendo desde hace diez años. Esto pasa porque en ese sector de la Argentina, el agronegocio decidió expandirse desmontando masivamente, despojando a los nativos de sus tierras, dejándolos sin comida ni agua, ni siquiera un lugar donde vivir. Los abrevaderos, las lagunas y todo lo que eran reservas naturales ahora son sembradíos de soja, maíz, poroto. Para los wichis no ha quedado nada”, explicó Medardo Ávila Vázquez, pediatra y coordinador de la Red Universitaria de Ambiente y Salud.

“Los wichis son históricamente un pueblo recolector-cazador que difícilmente pueda subsistir si ha sido despojado de sus territorios. Además, sufren las grandes sequías, que después son seguidas de graves inundaciones; con esos cambios extremos viene a su vez el agravamiento de las enfermedades; a ellos les resulta muy difícil salir de sus relictos de bosques, donde se encuentran refugiados. Son víctimas de todos estos abusos, externos a su cultura”, se quejó Cruz.

“Lo único que hizo el Estado –insistió Ávila Vázquez– es fomentar el agronegocio, y los indios son un problema, una carga. Por eso quieren que se vayan para la ciudad. Pero estos indios no se van, a diferencia de otras culturas más avanzadas de pueblos originarios, estos nativos del monte tienden a quedarse, esperanzados de volver a conseguir un espacio donde puedan vivir. El Estado se encuentra con este problema y lo único que hace es provocar que las comunidades desaparezcan, que mueran, como está ocurriendo”.

Desalojados

El agronegocio desmontó, en los últimos diez años 1.200.000 hectáreas de bosque salteño, y desalojó a alrededor de 100 mil personas de distintas comunidades indígenas que ocupaban esos territorios. Las empresas, algunas vinculadas a hombres poderosos como Marcos Peña, Juan Manuel Urtubey y Alfredo Olmedo, han sembrado un millón de hectáreas de soja maíz y porotos.

Sin misión

Luego de que Médicos Sin Fronteras recibiera una carta de referentes indígenas solicitando su intervención en Salta, la organización respondió que “luego de establecer contacto con diversas autoridades provinciales y con organizaciones sociales que se encuentran en la zona, se ha optado por no realizar una misión exploratoria (paso previo a la apertura de una misión) en esa región” del país.

El Ejército argentino busca agua para los habitantes del Chaco salteño

La provincia argentina de Salta, en el norte del país, atraviesa el verano más seco de las últimas cuatro décadas. Ante la grave crisis hídrica que esto ocasionó, el Gobierno provincial y el Ejército Argentino firmaron un convenio para la perforación de pozos y abastecer de agua potable a las comunidades más afectadas del Chaco salteño. El convenio fue suscripto por el gobernador de Salta, doctor Gustavo Sáenz, y el jefe del Estado Mayor General del Ejército, teniente general Claudio Ernesto Pasqualini.

En este marco, desde diciembre de 2019, el Ejército Argentino ha asistido a distintas comunidades dispersas por el territorio provincial en la obtención, potabilización y distribución de agua, además de llevar a cabo la perforación de nuevos pozos y de reparar los ya existentes. Actualmente, se emplean equipos técnicos pertenecientes a la Compañía de Ingenieros de Agua 601, de la Agrupación de Ingenieros 601 con asiento en Campo de Mayo, Buenos Aires; mientras que el apoyo de maquinaria vial es brindado por el Batallón de Ingenieros de Montaña 5 de Salta. Además, participan la empresa Aguas del Norte y equipos técnicos del Ministerio de Infraestructura provincial. Las actividades de apoyo exigen el despliegue de personal, vehículos de transporte, una planta potabilizadora de gran capacidad, tres plantas potabilizadoras chicas y cisternas desde la ciudad de Salta. Una vez que se arriba a la zona de cada comunidad afectada, se efectúan los reconocimientos y se inicia la potabilización y distribución de agua.

Una de las plantas empleadas tiene una capacidad de potabilización de 9.000 litros por hora; las demás son de 10.000 litros. Los militares entregan el agua a granel en los tanques de las viviendas o envasada en sachets de plástico. Hasta el momento, se ha abastecido con más de 500.000 litros de agua a más de 100 familias y al Hospital Zonal. Además, personal de Sanidad y Bromatología de la Fuerza se encuentra analizando el estado del agua de pozo disponible y su relación con potenciales problemas de salud.

El plan previsto contempla realizar aproximadamente 80 pozos, un número significativo que involucra no solamente los equipos y las máquinas del Ejército, sino también de la provincia. El Gobierno provincial ya cuenta con un relevamiento de las posibles zonas de perforación. El jefe del Batallón de Ingenieros de Montaña 5 destacó la complejidad de la operación de perforación de pozos, no sólo por su cantidad y lejanía, sino por la diversidad de actividades técnicas que implica, como reconocimientos geológicos con equipos especiales, construcción de obrador, zonas de vivac, apoyo logístico y construcción de los accesos a las zonas de perforación.

Los trabajos de construcción y mejoramientos de caminos en ocasiones generan mayores esfuerzos que los de las perforaciones propiamente dichas. “Cada pozo es una situación diferente, el terreno es diferente y eso genera un problema particular todos los días. Uno se encuentra con rocas, con diferentes arcillas, eso implica un desgaste muy pronunciado de los equipos que ayudan a la perforación y realmente es una actividad muy compleja. Si hay un error en el lugar elegido para perforar, se pierde mucho tiempo”. Hasta el momento, fueron asistidas varias zonas vulnerables, en las que se entregó agua potabilizada, entre ellas, 3 de Febrero, El Quebrachal, 27 de Junio, Monte Aron, La Anglicana 3, La Golondrina, La invernada I, II y III, La Sardinita, La Sardinita 1, Pelicano y los parajes Km 108,5 y 102.

Esta operación permite emplear los medios, favoreciendo a su vez el nivel de adiestramiento pero, principalmente, pone al Ejército Argentino al servicio de quienes más lo necesitan.

El médico porteño que vive entre los wichis: “El desmonte y la falta de agua son la principal causa de la desnutrición y la muerte de niños”

Rodolfo Franco se instaló hace ocho años en Misión Chaqueña, la comunidad aborigen más grande de la jurisdicción de Embarcación, donde murió el último de los seis chicos que fallecieron en enero. Casado con una mujer wichi, sostiene: “Hay una voluntad política de no darle agua a los wichis. Es un genocidio para que la gente se vaya y ganar tierras para la soja”.

El desmonte y la falta de agua. Esas son las causas principales de la desnutrición que en enero cobró la vida de seis niños, dice Rodolfo Franco, el médico de Misión Chaqueña, la comunidad wichi más grande la jurisdicción de Embarcación, en Salta. Llegó hace ocho años desde Buenos Aires, y hoy asegura: “Mi vida está acá, quiero que me entierren en el mismo cementerio que ellos”. “Ellos” son los aproximadamente 1500 aborígenes que viven allí, en casas con paredes de nylon y viento, y piso de tierra, con ojos como piedras y caras cinceladas a puro machetazo.

Como un intruso bienvenido, Franco se cuenta entre los “ocho o nueve criollos” que habitan la Misión. Y el “acá” de su vida, ahora mismo, es la chacra que muestra con orgullo. Hay maíz, plátanos, mangos, papayas, uvas, albahaca, zapallo, limones, naranjas… y agua, el tesoro de la región. Un bien escaso que, de acuerdo a su experiencia, duerme en varias napas bajo esa tierra polvorienta, cuarteada, que espera el beso húmedo que la haga producir.

La tragedia y el amor se complotaron para que Franco viva aquí. “A los ocho años vi cómo el doctor Albert Schweitzer había ganado el premio Nobel por su trabajo en el África y le dije a mi abuela que quería ser así. Ella me respondió que no tenía que irme al África, que en el norte argentino podía hacer lo mismo. A los 30 años me ofrecieron trabajo en Ingeniero Juárez, Formosa. Pero mi primera mujer no quiso que fuera”.

Por entonces, Franco ya atendía en las villas a muchos aborígenes que llegaban al conurbano. Y eso le despertó la curiosidad por el lugar. “Mucho tiempo después, con mi segunda esposa, vine tres veces aquí, al este de Salta… En el último viaje volcamos, y ella se mató. Quedé viudo y empecé a recordar a Anastasia, mi actual mujer, que es wichi y conocí acá. Mi mujer siempre me decía ‘que buena, dulce y amorosa mujer que es…’, y volví para comprobar si era cierto. Y sí, es dulce y amorosa”, dice con su mujer abrazándolo por la espalda. Ella tiene seis hijos, él cinco. Una vive en los Estados Unidos, y le envía el dinero con el que se está construyendo una casa de material.

De ahí a conseguir el puesto de médico de Misión Chaqueña hubo un paso. “Dije bingo y acá estoy. Cumplí mi vocación de los ocho años”, dice quien conoce como pocos los entresijos de la vida de los wichis, y por la mañana atiende una salita con tres camas para internación, lo que la lleva, para la burocracia local, a tener status de hospital. Franco se ríe: “Somos un médico, dos enfermeros, dos agentes sanitarios y una mucama. ¿La ambulancia? Tiene tecnología avs… a veces viene y a veces no”.

-¿Por que no hay más huertas como la suya?

-Esa sería la idea. Pero hay una voluntad política de no darle agua a los wichis. Creo que es premeditado, dejarlos que sufran sed y hambre. Esto que pasa, que se mueren los chicos como moscas, es un genocidio para que la gente se vaya y ganar más tierras para la soja. El tema es que los wichis no se quieren ir, porque ya saben que terminarían en las villas de las grandes ciudades. Y lo otro, en consecuencia, es el desmonte.

-¿Cuál es la relación entre el desmonte y el hambre?

-Esto viene de la dictadura militar, que tuvo el plan de hacer de la zona un enorme peladero y dejar sólo un par de parques nacionales con el monte nativo. El wichi vivía de la caza de corzuela, ñandú y tapir, la pesca y la recolección de frutos. Había muchos más algarrobos, que dan la algarroba, fundamental en su dieta. Además había medicinas naturales que ellos consumían. Hoy, muy poco queda de todo eso, y a esas frutas y verduras llegan las cabras y las vacas, que fueron introducidas después.

-¿Hoy de qué sobreviven?

-Todos tienen una Asignación Universal por Hijo. Siguen viviendo de pescar y cazar, pero donaciones y subsidios. Ven qué pueden sacarle a la gente blanca. Un poco se transformaron en mangueros, pero en su representación interna están cazando. A algunos les va bien y consiguen el subsidio de algún político. Ojo, a veces es la única manera de llevar algo a la casa. Pero esos dejan de trabajar, de hacer artesanías, muebles de algarrobo por ejemplo... Eso después llama a que digan que los indios son vagos, que no hacen nada. Pero no lo son: si quieren tomar un mate a la mañana tienen que cortar leña, ir a buscarla, traerla en un carrito; o ir a buscar agua, que es el otro drama…

-¿Cómo está el tema acá?

-Por suerte tenemos una canilla y una manguera. Acá hay dos tanques. Un bombero va y enciende la bomba todos los días. Si se levanta a horario, tenemos agua de diez de la mañana a siete de la tarde. Ahí va, la apaga y hasta el otro día no hay. Debemos guardar la que vamos a usar. Acá mismo hay barrios a los que llega con poca presión, o directamente nada. Entonces tienen que acarrearla, y lo hacen en bidones de glisfosato viejos. Esa es la que toman.

-¿Nadie les dice que esos bidones tenían un veneno?

-Los lavan bien. Y es lo que se usa. Yo también. Si un día acá no hay, junto en la bomba que tengo allá. Suponemos que después de un cinco años ya se debe haber requetelavado.

-Quizás en los primeros meses no. ¿Se hacen estudios del agua?

-No. Se debería. Tampoco sabemos si tiene arsénico. La vemos limpia, pero exámenes microbiológicos no se le hacen. Lo peor son los lugares donde va el camión aguatero, porque seguramente va con agua contaminada, y con el calor se agrava. Es un caldo de cultivo.

-¿Cuál sería la solución?

-Hay que multiplicar los pozos de agua. El subsuelo es muy rico. Los anglicanos que controlaron estas tierras hasta que se fueron cuando sonó el primer tiro de la Guerra de Malvinas tenían unas bombas que llegaban a 100 metros de profundidad. La mía llega a 30 metros, y ya hay agua. Pero a ningún político se le ocurre. Mi pozo de agua, hoy, sale 350 mil pesos. Acá con cuatro o cinco estaríamos bien. Pero esta, comparada con otras comunidades, es Hollywood.

-¿Por qué?

-Los anglicanos les dejaron a los wichis 900 hectáreas de tierra, y al lado hay otras tres mil que están registradas como pertenecientes a ellos. Allí hay monte gracias a que un cacique que ya falleció, Domingo Vaca, se paró frente a las topadoras y frenó el desmonte en ese lugar. Ahí tenemos el proyecto de una Universidad del Monte para albergar un centro de estudios de cultura wichi.

-El río Bermejo está a cinco kilómetros, ¿porque no se puede canalizar?

-Claro que se podría, pero depende de la voluntad política del gobierno. Si hicieron el canal de Panamá, ¿cómo no van a poder con cinco kilómetros?

¿Atiende muchos casos de chicos enfermos por problemas relacionados con el agua?

-Acá los casos de diarrea y problemas respiratorios son cosa de todos los días. Verano e invierno. Y algunos, las dos cosas juntas. El problema de la diarrea es el agua y su manipulación. Y los respiratorios por la precariedad de las viviendas. Muchas tienen paredes de nylon, y toman todo el frío en el invierno y el calor en verano, entonces duermen afuera y la madrugada los enferma. Y además porque tienen las defensas bajas debido a una dieta muy pobre.

-¿Cómo es?

-Se basa en hidratos de carbono: arroz, papas, fideos, a veces un poco de zanahoria, tomate. Alimentariamente no sirve. Y eso es todos los días. Excepcionalmente, carne…

-¿Y enfermedades como el dengue?

-Acá las atendemos como una gripe, con aspirinas, ibuprofeno y reposo. Análisis sólo hacen en el hospital de Orán. El saneamiento ambiental es nulo, basura tirada por todos lados.

-Lo que sucedió este enero, con siete chicos muertos (uno en el parto), ¿pasa siempre o recién ahora nos enteramos?

-Los gobiernos anteriores se preocuparon mucho que esto no saliera a la luz. Pasó siempre. Te voy a contar un ejemplo. Hace dos años recibí a un chico que venía de Hickman, una comunidad a una hora de acá. Cuando llegó a la puerta, lo alcé y vi que estaba muerto. Tendría un año y medio. Lo publique en Facebook. Me llamo el director que tenía en ese momento el hospital que y me dijo como para que me calle: “¿Cómo sabes que estaba desnutrido? Le tenés que hacer un seguimiento para eso”. Pero lo alcé y me di cuenta lo que pesaba. Soy médico.

Fuente:Fuente: Agencia Coranto- Defensa- Infobae