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DDN. Los jueces de la Sala IV del Tribunal de Impugnación, Adolfo Figueroa y Luciano Martini, rechazaron el recurso de casación que interpuso la fiscalía contra la sentencia dictada por los jueces de la Sala V del Tribunal de Juicio, y confirmó la absolución dictada a los cuatro imputados.
En la causa, Claudio David Burgos y César Carmelo Figueroa fueron absueltos de forma lisa y llana del delito de homicidio calificado en abuso de su cargo o función por pertenecer a la fuerza policial por el que llegaron requeridos a juicio.
Fernando Martín Cruz, por su parte, resultó absuelto por el beneficio de la duda del delito de homicidio calificado en abuso de su cargo o función por pertenecer a la fuerza policial.
En el juicio oral, el Tribunal no hizo lugar al cambio de calificación jurídica solicitada por la Fiscalía en la etapa de alegatos y absolvieron en forma lisa y llana a Carlos Alberto Arias del delito de homicidio calificado en abuso de su cargo o función por pertenecer a la fuerza policial por el que llegó requerido a juicio.
Los jueces de alzada tuvieron en cuenta que al culminar la etapa investigativa hubo una sola imputación y calificación jurídica, idéntica para los cuatro, que los obligó a ejercitar su derecho de defensa dentro de un único marco acusatorio, esto es, una supuesta conducta de homicidio.
En ese sentido asistió razón a los jueces de juicio, en cuanto dijeron que el fiscal, al momento de sus alegatos, desistió de la acusación contra Arias por el delito de homicidio calificado en cuanto solicitó que sea condenado por el delito de encubrimiento.
Fue el mismo fiscal, al momento de sus alegatos, quien de manera implícita señaló que “si Cruz resultó autor material del homicidio, queda descartado Arias, de quien se sospechaba” (ya que eran los dos que portaban armas idóneas para disparar postas de plomo), entendió el tribunal que desistió de su acusación, en cuyo marco se defendió, por lo que no le quedó otra opción que absolverlo lisa y llanamente.
Agregaron los jueces de impugnación en su sentencia, que si el fiscal, al momento de alegar sobre las pruebas producidas, entendió que Arias no era el culpable del delito de homicidio calificado pero sí de encubrimiento, al no haber denunciado como correspondía en su carácter de empleado público, no quedó duda alguna que la pretensión del cambio de carátula vulneró el ejercicio de defensa, ya que no es lo mismo defenderse de un homicidio que de un encubrimiento, ello además del lógico desistimiento que se interpretó en cuanto al primer delito.
Sumaron a todo ello, que Cruz fue absuelto por la duda, ya que no habían pruebas contundentes e indiscutibles en referencia a la hora y lugar preciso en que fue herida la víctima, ya que las muestras de sangre levantadas del sitio en que se dice que sucedió no fueron peritadas para saber si era realmente sangre y si pertenecía al extinto, pericia que correspondía al Ministerio público Fiscal. Sumado a ello, un geoposicionamiento que situaría a Cruz en el lugar preciso del hecho, no puede contraponerse con el resto de las pruebas a su favor, esto es, la falta de pólvora en las manos y ropa, pericia que resultó en que su arma no fue disparada.
En cuanto a las absoluciones de Burgos y Figueroa, ellos estaban acusados por haber acompañado en su rol de jefes a Cruz, al momento de enfrentarse a Mura Ortíz, sin evitar el enfrentamiento, o detenerlo luego del disparo mortal, ni secuestrar su arma, entre otros procederes que tenían a su cargo en ese caso.
Pero si Arias fue absuelto por pedido de la fiscalía al momento de alegar por el delito de homicidio calificado, y de igual manera sucedió con Cruz, aunque por el beneficio de la duda, por lógica no se puede sostener la acusación para el resto, cuando está basada en un presunto acuerdo previo que habrían celebrado los cuatro acusados.
Queda impune el asesinato de Gabriel Mura Ortiz
El sábado 16 de noviembre de 2013 un grupo de policías increpó a vecinos que estaban en la esquina de la plaza del barrio Sarmiento. Gabriel, quien volvía de jugar al fútbol intercedió a modo de mediador y en un hecho que ninguno de los 12 policías presentes esclareció terminó su vida por la bala de uno de los uniformados.
Gabriel no tenía arma alguna y ahora tampoco justicia.











