"Cepo mediático y mentiras verdaderas"

Editorial por Daniel Tort.
Hace 7 años POLITICA

DDN. Muy atrás han quedado los tiempos en que, en uno de sus frívolos almuerzos, Mirtha Legrand oficiando por enésima vez de vocera del macrismo, afirmaba que en Argentina existía una censura a la prensa y que se vivía en una dictadura.

En julio de 2015 simulando una pregunta casual, otro cómplice de la desinformación electoralista de esa época, el periodista Luis Novaresio quiso saber qué opinaba de la gestión de Cristina Fernández, para que ella respondiera “Es caprichosa” “Creo que es una dictadura lo que estamos viviendo” y finalmente “Es una dictadora”

Antes del cierre de ese programa, deslizó mirando a la cámara: “¿Qué me van a hacer, me van a sacar de la televisión? ¿me van a meter presa?" casi como una petición de su parte, como un anhelo ferviente para poder victimizarse. No hace falta decir que su insulso programa siguió al aire normalmente.

Los nichos más elaborados de la llamada guerra de cuarta generación, son la propaganda, la cibernética y la política. La ocupación material directa con fuerzas militares en ese esquema es la última opción, sencillamente por una cuestión de costos.

La invocación constante de la libertad de prensa, encubre por cierto sólo la libertad de empresas periodísticas al servicio de ese tipo moderno de dominación, mediante gigantes operativos de prensa para la tergiversación, desinformación y manipulación de la opinión pública.

Un claro ejemplo de lo que hablamos es la prédica diaria de veinticuatro horas desde tiempos de Barack Obama e intensificada a partir de la gestión de DONALD TRUMP, contra la democracia venezolana.

Acuñando los términos dictador, dictadura, crisis humanitaria, elección fraudulenta, presidencias paralelas, y violación de derechos humanos, se machaca todo el día con la imagen de Juan Guaidó en primera plana, denunciando que en Venezuela no hay libertad de expresión.

Curiosamente ese mensaje se envía a todas las cadenas noticiosas de Latinoamérica, que reproducen los múltiples actos en todo el País en escenarios montados en cada caso, con el orador rodeado de micrófonos de la mayoría de los medios nacionales, y por supuesto de muchísimos internacionales.

Pero a pesar de esta realidad incontrastable, los televidentes terminan seducidos no por lo que ven –que precisamente es la imagen del opositor denunciando censura mientras puede hablar y decir lo que se le antoja en todo el país- sino por la prédica de quien habla sobre las imágenes, denunciando la censura.

Y ese lineamiento que el departamento de estado norteamericano pone en práctica en esa estrategia, incluye un lenguaje uniforme que todas las cadenas de desinformación deben respetar a rajatablas. Se trata de un juego perverso de dominación con la simple pero eficaz herramienta de imponer mentiras como verdades por la fuerza de la reiteración y la multiplicación de la misma falsedad, en diversos medios.

Una de las cabezas de puente de ese sistema de prensa venal para la generación de noticias falsas ha sido desde la presidencia de Mauricio Macri, y aún antes durante la campaña electoral de los años 2014 y 2015, la cadena TN y sus satélites controlados, que alcanzan a doscientas treinta siete señales.


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