“Los que sobran”

Editorial por Daniel Tort.
Hace 6 años POLITICA

DDN. Desde la llamada prensa hegemónica que sostiene e identifica al sector de la economía neoliberal concentrada, que, por medio de la confusión, la mentira, y las campañas de desprestigio montadas contra todo y todos los que se opongan a sus intereses, se ha profundizado en los últimos años –especialmente durante la gestión de CAMBIEMOS- la grieta cultural y social.

Por ejemplo, se ha denostado de manera machacosa y reiterativa, que los planes sociales eran nocivos y que atentaban contra la cultura del trabajo, y que de esa manera se malgastaban los recursos públicos aumentado el déficit fiscal.

Desde esa usina malintencionada se lograba imponer en la sociedad desclasada y carente de información cierta de cualquier variable macroeconómica, que el mal de la Argentina eran los vagos planeros y no las empresas multimillonarias subsidiadas por el mismo Estado, de manera directa con fondos del erario y de manera indirecta con tarifazos.

Era común escuchar frases absurdas como que al pobre no hay que darle pescado sino enseñarle a pescar, o que la asistencia social genera vagos o que cada uno debe recibir según sus méritos, frase que esconde el aprovechamiento de groseros privilegios de algunos pocos, en contraste con la falta de oportunidades de todos los demás.

Todo ese desbarajuste se fue montando sobre la concepción de que había que recortar el papel del Estado, que achicar el Estado era agrandar la Nación –otra frase tan ingeniosa como estúpida- y que el mercado libre regularía la suerte de todos.

Claramente por la pérdida de la batalla pedagógica que condiciona a las clases sociales del País, se observa que sin participar las mismas del festín absurdamente repiten el discurso de la oligarquía, y se pasa por alto el verdadero sentido de que el Estado no deba intervenir.

Porque cuando esos sectores pregonan que el Estado no debe intervenir, no es que no lo debe hacer para todos, sino que no debe intervenir en la distribución del ingreso nacional para las mayorías para seguir solventando los privilegios de las minorías.

Ahora en plena pandemia por el CoVid-19 todos están agradecidos de la asistencia social, las asignaciones universales, los planes de ayuda alimentaria y la protección de sectores vulnerables, que han evitado –por ahora- los saqueos y una mayor exclusión.

En momentos en que la sociedad se detiene a mirar desde la cuarentena y advierte que personas multimillonarias en dólares a base de coimas despiden a sus empleados, se aprende que la riqueza desmedida es una obscenidad con la que hay que terminar.

Se toma conciencia que las llamadas leyes del mercado son una falacia y que es un absurdo pensar en el bienestar de la población dejando que las decisiones las tomen los dueños de esos mercados que nunca se rigen por leyes sino por su propia avaricia.

Se entiende ahora que quienes eligieron no afectar la economía porque pensaban en los mercados se están muriendo por consumistas, y sobretodo que en la vida las cosas más importantes precisamente no son cosas.

La cuarentena nos da la oportunidad de demostrar que quienes se dicen la primera potencia mundial han generado fracturas en su propia sociedad sin un seguro de salud que la salve de la muerte segura, y que como imperio avasallador no tienen intenciones de ayudar a nadie, y son incapaces de salvarse ellos mismos.

Se puede comprobar también que hay otro mundo posible y que una pequeña isla del Caribe acosada por los bloqueos, el boicot y el aislamiento, en vez de exportar armas y créditos usurarios, exporta médicos, enfermeros y ayuda humanitaria.

Desde el encierro en sus propias viviendas cada argentino ha empezado a comprender que el problema del País no son los pobres empobrecidos con políticas perversas, sino los ricos dueños del poder corrupto.

En definitiva, se está empezando a comprender que sólo hay dos formas de vivir nuestra efímera vida, y es poniendo en práctica la justicia social, la solidaridad, y la distribución del ingreso, es decir el bienestar del Estado al servicio de las mayorías.

Quienes después de la emergencia y superada la pandemia quieran volver insistir en usufructuar privilegios y seguir manteniendo un País para una elite, serán los que sobren en nuestra Argentina.

Y habrá que hacérselo saber, e imponer, sin reparar en medios.

Fuente: La Madre que las Parió/FM Noticias 88.1 MHz


Este artículo está optimizado para dispositivos móviles.
Leer Versión Completa

Más Noticias