“Es la volatilidad, estúpido”

Editorial por Daniel Tort.
Hace 7 años POLITICA

DDN. En la última semana de agosto de 2018, se han hecho más visibles las drásticas consecuencias de un plan financiero de especulación y acumulación de las minorías concentradas en Argentina.

La irrefrenable corrida cambiaria que implica una real e inmediata devaluación de la moneda local, y la presión de las entidades bancarias nacionales y extranjeras que hasta el mes de enero del corriente año eran socios del plan de saqueo, han acelerado un final que era conocido de antemano.

Las renovaciones sucesivas de títulos de la deuda pública (LEBACS, LETES, BOTES, etc.), con tentadoras tasas de interés –las más altas del mundo- fueron meros analgésicos aplicados sin ninguna esperanza, a una enfermedad terminal.

Y cada vez que desde los foros de economía o desde la escasa prensa no oficialista especializada en temas económicos, se ponía el acento en esta debacle anunciada, el mismo presidente MACRI o los secuaces de su entorno ministerial se encargaban de repetir que todo estaba bien, que se trataba de una turbulencia, y del efecto producido por la volatilidad de los mercados.

Y casi al unísono los que ofician de periodistas comprados por ese mismo sistema especulador, convencían al inadvertido ciudadano inmerso en una gran confusión, de que efectivamente si no fuera por la tormenta o la famosa volatilidad, todo estaría de veinte.

De esta forma los gestores intencionales del endeudamiento, la especulación, el pago de gigantescas comisiones, la liberación de controles, la fuga de capitales, las exenciones fiscales a los poderosos, la apertura de las importaciones y toda una serie de desatinos que nos han colocado en la ruina, se lavaban las manos echándole la culpa del desastre, al clima.

Era y es muy común en las charlas informales de amigos o familiares, escuchar que se repite lo de la nefasta volatilidad, sin que ninguno de los repetidores oficiosos tenga certeza en realidad, de qué se trata el tema.

En materia financiera se conoce como volatilidad, al índice que mide la frecuencia de los cambios del valor de un activo, su precio digamos, y el grado de confiabilidad que tiene de ser pagado en término. En otras palabras su estabilidad o inestabilidad, y sobre todo, su nivel de incertidumbre.

Por eso cuando se escucha hablar de la famosa volatilidad, no se debe incurrir en el error de creer que eso es otro efecto climático como las tormentas o la turbulencia, sino que es el grado de confianza que tiene esa operación financiera, y eso depende de quién es el deudor.

En un País devastado por el endeudamiento externo gigantesco de los dos últimos años (U/S 135.000.000.000), con emisión sostenida e ilimitada de títulos de la deuda pública, con escasas reservas del BCRA, con dependencia del FMI, y con tasas de interés sospechosamente altas, la volatilidad –o la incertidumbre- no es otra cosa que la consecuencia directa del brutal desmanejo de los fondos públicos, para el favorecimiento objetivo de la elite gobernante y sus allegados.

Mineras protegidas, estancieros favorecidos por retenciones mínimas, eximición de pago de impuestos a los ricos (bienes personales), liberación de divisas para turismo externo, derogación de plazos para liquidar divisas de la exportación de cereales y carnes, -entre otros desvaríos- constituyen un menú a la carta para una minoría, que inexplicablemente le ha hecho creer a una mayoría, que ellos algún día podrán participar.

Y ese festival de lujuria, concentración, lavado de activos llamado blanqueo de dinero oscuro –en gran medida del mismo presidente y su núcleo familiar directo- en una economía dependiente del crédito externo saturado de intereses y con un plan recesivo interno, era descaradamente una receta de muy corto plazo, que ha llegado a su fin.

El votante común seducido por la gigantesca campaña de medios en vísperas de las elecciones nacionales, ayudado por la impudicia de la corrupción de algunos capitostes del gobierno anterior, no ha advertido, en realidad no ha podido recordar, que la oligarquía vacuna de la pampa húmeda y el aceitado sistema de privilegios de la elite propietaria de medios de prensa y financieros, siempre han cumplido el mismo papel.

Antes en dictaduras y hoy legitimados constitucionalmente por el voto democrático, pero la secuencia cronológica de los métodos y sus consecuencias, es idéntica. De Onganía a Videla, y de Menem a Macri, la línea histórica se reitera, y curiosamente los cuatro engendros fueron aplaudidos a rabiar cuando entraban a la Sociedad Rural.

Tal vez no todos estemos en condiciones de saber los dificultosos métodos de enseñanza de la macroeconomía, pero sí podemos fácilmente sentarnos en algún momento de nuestras vidas, y con un simple y elemental ejercicio de memoria, recomponer nuestros anticuerpos.

Para no volver a ser seducidos nunca más, por ese poderoso conglomerado de las mil familias integrantes de la oligarquía vernácula, que no tenga usted ninguna duda, sienten el mayor de los desprecios por todos nosotros.

Ese séquito de privilegiados, que nunca dudaron en ampararse, ayer como hoy, en la esencia más genuina de las dictaduras. En otros tiempos como sistemas armados y asesinos, y en estos tiempos bajo la forma de neoliberalismo y reglas rígidas del llamado mercado, que están llevando a cabo otro genocidio.

Fuente: La Madre que las Parió/Fm Noticias 88.1 Mhz.

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