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Vio las maniobras de Reynoso, fue amenazado y ahora es testigo protegido

Uno de los empleados del Juzgado de Orán brindó un testimonio clave en la investigación y su declaración en el juicio promete ser reveladora.


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Pocos meses trabajando en el Juzgado Federal de Orán que comandaba Raúl Reynoso le sirvieron para contemplar un mundo de movimientos extraños y sospechosos que terminaron por convertirlo en un testigo clave en el juicio contra el ex juez acusado de beneficiar a narcos a cambio de coimas.

Quienes comandaron la investigación lo citaron a declarar durante la Instrucción y su testimonio acabó siendo una de las columnas sobre las que se sustentó el inicio de la causa y que derivaron en el allanamiento del Juzgado el 4 de noviembre de 2.015, día en que el escándalo se hizo público.

A partir de ese momento, la vida del testigo -cuya identidad se reserva por cuestiones de seguridad- cambió rotundamente. Sufrió amenazas e intimidaciones, debió cambiar de lugar de trabajo y una guardia ambulatoria de Gendarmería vigila su domicilio y el de sus familiares.

Así como su testimonio fue clave en la investigación, su declaración en el juicio es de las más esperadas porque deberá ratificar lo dicho sobre los movimientos y el funcionamiento del Juzgado de Orán en tiempos de Reynoso. En una entrevista dijo no sentir miedo ni estar nervioso por ello.

Contó que declaró bajo ciertas condiciones que le aseguren su integridad física y psicológica porque sabía que iba a ser víctima de aprietes por parte del ex juez, porque ya había conocido en carne propia cómo el imputado presionaba a sus empleados. Dejar Orán fue una de las medidas indispensables.

Cuando Reynoso supo de la causa en su contra, enfureció. Según el testigo, convocó a reunión en su despacho y con tono amenazante advirtió a todos sus empleados. “A mí me dijo que no iba a tener una vida fácil, que nunca iba a ganar un concurso”, declaró el empleado y de esa reunión surgió una grabación que está como prueba en el expediente. Una de las frases que habría pronunciado Reynoso fue: “El que me pega a mí, sabe que yo pego más fuerte y dos veces”.

 

Los días previos al allanamiento, Reynoso sospechaba que algo se estaba tramando en su contra pero seguía confiado. Ya había sufrido acusaciones antes como las del abogado David Leiva pero las desestimaba y decía estar acostumbrado a que lo ataquen.

Por lo que el testigo supo, todo cambió cuando Reynoso supo que este empleado suyo había sido lapidario en su testimonio. “Me dijeron que esos días Reynoso los amenazó con que podía meterles un paquete de droga sin que nadie se dé cuenta”, reveló.

El testigo protegido contó que luego del allanamiento, el por entonces juez le secuestró cuadernos de anotaciones para ver qué había escrito, le bloqueó el usuario del sistema que usan en las computadoras del Juzgado para conocer qué figuraba en las causas y entrar a los archivos.

De la expectativa a la desilusión

El empleado judicial llegó a Orán con la expectativa de trabajar junto a un hombre al que veía como un paladín de la Justicia “que luchaba solo y desde una trinchera contra los narcos” por lo que jamás imaginó lo que encontraría. “Cuando lo vi por primera vez le dije que era un gusto conocerlo y que tenía mucho entusiasmo por la importancia del trabajo”, recordó.

Meses después de ingresar comenzó a tener contacto con causas penales y allí fue cuando empezó a ver movimientos extraños como el de ciertos abogados que se quedaban todo el día en el Juzgado, que hacían una presentación vaga a las 8 y a las horas le salía proveído. Nombró a algunos de los imputados junto a Reynoso como Ramón Valor y María Elena Esper.

“De la enorme cantidad de escritos que entraban, Reynoso elegía cuáles pasaban a los sumariantes para que los provean y eran siempre de los mismos abogados”, detalló y recordó cómo se sorprendía al ver cómo casos de mucha droga o prueba en que los imputados estaban libres o los excarcelaba de oficio o le devolvían la plata y lo secuestrado.

Era frecuente recibir en el Juzgado a defensores oficiales que decían que en la cárcel se sabía que las excarcelaciones, los sobreseimientos o las falta de mérito estaban tarifadas y hasta a familiares de detenidos que se quejaban de que sus seres queridos estaban presos por ser pobres mientras los que tenían plata ya estaban afuera.

En un inicio la relación entre ambos fue buena, incluso el juez consideraba que su nuevo empleado resolvía rápido y bien por lo que le daba causas grandes e importantes como la del empresario transportista boliviano José Luis Sejas Rosales, acusado de ingresar una tonelada de cocaína al país.

“Esa fue la más burda, le dijimos que Sejas Rosales tenía 12 causas y él dijo que hagamos lo que él decía” y así, el empresario fue imputado como partícipe secundario, excarcelado y se fue a su país, donde fue detenido después, mientras se cursa un pedido de extradición desde Argentina.

A través de un entrecruzamiento de causas, la Procunar logró determinar que Sejas Rosales era el dueño de la empresa cuyos camiones fueron detenidos en Salta transportando droga o precursores químicos.

Los primeros cruces

Con casos como ese comenzaron las primeras discusiones entre ambos: “un día se enojó conmigo porque yo no hacia lo que él decía y me bajó de jerarquía dentro del Juzgado, pasa que yo le discutía mientras que la mayoría se callaba porque el imponía temor”, contó.

Enojado porque entendía que su empleado “hablaba mucho”, le dijo que lo iba a hacer investigar por Gendarmería. Días después, el teléfono del testigo fue intervenido según pudo saber por parte del propio personal de esa fuerza.

“Te das cuenta cuando tenés el teléfono intervenido porque se escucha mal, las llamadas se cortan, se escuchan ecos o interferencias, por eso yo por teléfono no decía nada, estaba estresado”, indicó.

El testigo incluso fue denunciado por Reynoso, quien lo acusó hasta de pedir coimas pero la causa fue desestimada por la Justicia y se archivó.

No solo la declaración de este testigo encubierto apunta contra los manejos de Reynoso sino también la de otros empleados del juzgado que, durante la Instrucción, dijeron lo mismo. En las próximas semanas, todos ellos deberán sentarse frente a los jueces del Tribunal Oral para declarar y lo que digan será trascendental en el juzgamiento del ex juez que pasa sus días detenido en la Cárcel Federal De Güemes, luego de haber sido 11 años el único juez a cargo de 700 kilómetros de una de las fronteras más calientes del país.

En la inspección judicial del lunes en el Juzgado Federal de Orán, ambos volvieron a cruzarse después de mucho tiempo pero ni se dirigieron la palabra: “Cuando entró me miró a los ojos pero al instante agachó la mirada”, rememoró.

Fuente: La Gaceta Salta


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