Mónica Flores, docente a cargo del seminario de Antropología
Urbana de la Universidad Nacional de Salta, brindó información sobre el censo
que se realizó en el Asentamiento Parque La Vega, que evidencia la precariedad
en la que viven las familias.
Flores indicó que es un informe preliminar, donde se
registró 1.207 personas viviendo en el asentamiento. 669 son mujeres, hay 536
varones y 2 adscriben a otra identidad de género. Hay 195 niños y niñas entre 0
y 4 años, y 342 de entre 4 y 12 años
“La mayoría son mujeres jóvenes dentro de 20 y 30 años, que vivian
en una situación previa de hacinamiento en casa de familiares o no podían pagar
un alquiler, y vieron la necesidad, al no contar con un lugar, en ir al
asentamiento. Es abrumante la situación de violencia de género, el 45% de los
casos menciona esta situación de violencia que atravesaban previamente”, informó
la antropóloga.
Además de la violencia de género, hay una gran precariedad en
todas las personas que se encuentran en el asentamiento y carencias de todo
tipo. La pandemia también afectó a los ingresos de las familias, que contaban
con trabajos eventuales, informales y precarios.
Flores señaló que muchas de las mujeres pueden resolver su
vida a través de los subsidios, que “son muy importantes, pero no son ingresos
muy grandes” que apenas permiten la subsistencia. El ingreso mensual promedio
de cada familia del asentamiento es de 16 mil pesos, y los alquileres se
encuentran en su mayoría arriba de los 10 mil pesos.
En cuanto a la organización del asentamiento, Flores
informó: “Son familias que no se conocían entre sí, ocuparon el lugar de manera
abrupta e inmediata para dar respuestas a todas las situaciones que se iban
presentado, sobre toda la violencia policial del inicio que les impedía entrar
y salir, no les permitía ingresar materiales ni alimentos. Se iban organizando
en sectores, cada sector según las vallas. En la actualidad tienen 7 sectores,
con entre 2 y 4 delegados. A su vez tienen representantes generales, que son 2
o 3. Por cada sector, tienen un conteo día a día de las familias del lugar. A la
vez, los delegados trabajan en relación a un comedor se montó para los niños o
para los más vulnerables. Día a día cocinan, se organizan para la compra de
insumos y también reciben donaciones. Es muy alto el porcentaje de familiar que
comen diariamente de ahí porque no tienen otra forma de resolver la cuestión de
la alimentación”.
Sobre el acceso a los servicios básicos, la antropóloga
indicó que el informe busca también evidenciar como se agrava la situación. “Las
carpas son muy precarias, sin aislamiento de luz solar, o el frío, o la lluvia.
Tienen piso de tierra. El tema de las alimañas con las que conviven
permanentemente. Las literas que se van colapsando. Con el correr del tiempo,
es más acuciante dar una solución porque las condiciones de vida en el
asentamiento no son para nada salubres”.
Este informe preliminar fue entregado a los representantes
del Asentamiento. Entre febrero y marzo, se elaborará el informe completa y
será entregado tanto a las familias como a los organismos competentes, sobre
todo en Tierra y Hábitat para que tomen conocimiento y actúen en consecuencia.
Flores remarcó que las familias asentadas viven una
violencia estructural basada en la discriminación y criminalización hacia la
pobreza, y recordó brutal represión de agosto y la detención de referentes,
como Yuthiel Alderete.
“Hay que tener en
cuenta la perspectiva de la gente. En la antropología nos ponemos en el lugar
del otro para ver cómo está viviendo. No juzgar desde afuera, sino meterse en
ese mundo y tratar de captar desde adentro. Por eso hacemos este tipo de
trabajo, que se llama etnografía. Eso implica el trabajo de campo, conocer
desde la visión de las propias personas sin juzgar ni tratar de imponer una
visión sobre otra. Es un largo proceso que hay que tratar de dar, y para esto
tenemos que romper con todas estas jerarquías”, manifestó.
Fuente: Todas las voces todas - FM Noticias 88.1 MHz